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El ritmo de vida actual ha provocado un fenómeno cultural sin precedentes, nos
encontramos inmersos en la Sociedad de la Información. La rápida evolución
tecnológica de las telecomunicaciones, la electrónica e informática, ha inundado nuestro entorno con
televisores, teléfonos, equipos de fax y módem, redes y sistemas informáticos
tanto en oficinas como en viviendas particulares. Hasta los electrodomésticos
están experimentando una vertiginosa evolución, hoy en día existen fabricantes
que ofrecen frigoríficos inteligentes que son capaces de hacer pedidos a través
de Internet o indicarnos que al regresar de la oficina hagamos determinadas
compras. El número de documentales de televisión, que informan sobre estos
temas, aumenta día a día.
Los sistemas actuales integran automatización,
informática y Nuevas Tecnologías de la información. Para sintetizar esta nueva
filosofía aplicada al sector doméstico, se ha acuñado un nuevo neologismo,
domótica: "tecnología aplicada al hogar", formado por la raíz latina domus
(casa), que define todas las funciones y servicios que ofrece una vivienda
inteligente. En francés se utiliza un término similar, domotique formado por
"domus" y "robotique" (robótica), y en inglés se utiliza la expresión home
systems o smart house. Esta tecnología cuando se aplica a edificios se denomina
inmótica.
Según el diccionario "Larrouse" de la Real
Academia de la Lengua Francesa, la domótica es el "conjunto de servicios
proporcionados por sistemas tecnológicos integrados, como el mejor medio para
satisfacer estas necesidades básicas de seguridad, comunicación, gestión
energética y confort, del hombre y de su entorno más cercano". Hay que hacer
hincapié en la palabra "integración", ya que estas necesidades deben de
satisfacerse de forma global, y en conjunto. En otro caso no puede hablarse de domótica, sino simplemente de la automatización de tal o cual actividad.
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