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Gusano Sasser: un mal menor que evidencia la falta de
seguridad
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Todas las máquinas infectadas permitían a un intruso obtener el control
total sobre ellas, desde la posibilidad de sustraer datos sensibles como
documentos privados o las claves de la banca electrónica del usuario, hasta
borrar todo el sistema local y unidades de red. |
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Por:
vnunet.es (Bernardo
Quintero)
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A nadie escapa los quebraderos de cabeza que Sasser está ocasionando tanto en
sistemas domésticos como, especialmente, en redes corporativas. Si bien,
afortunadamente, el gusano sólo estaba programado para reproducirse, sin llevar
a cabo ninguna acción adicional.
Si el creador del gusano hubiera introducido una simple línea más de código con
algunas instrucciones dañinas, algo que no requiere ningún esfuerzo técnico
especial, podríamos estar en estos momentos en una catástrofe sin precedentes
que probablemente traspasaría la barrera de lo estrictamente informático, por la
cantidad y sensibilidad de los procesos y datos a los que habría podido afectar.
Pensemos por un momento que simplemente hubiera borrado todas las unidades a las
que tenía acceso en cada uno de los ordenadores infectados.
En ningún caso pretendo minimizar el daño causado por el autor del gusano, de
proporciones incalculables y que no tiene justificación alguna. En estos
momentos ya hay varias investigaciones en paralelo para localizar el origen y
llevar al autor ante la justicia. Si bien, es necesario llevar a cabo un
ejercicio de autocrítica más allá de culpar exclusivamente al creador del mismo
y ser conscientes del riesgo real que entraña no instalar puntualmente los
parches, no en vano está en juego la seguridad de todos los datos y procesos
dependientes de nuestros sistemas. ¿Podemos permitirnos arriesgarlos de nuevo?
La
historia se vuelve a repetir, una y otra vez
Code
Red y Nimda en el 2001, o SQL/Slammer en el 2003, han sido claros exponentes de
gusanos de propagación masiva que aprovechaban vulnerabilidades en los productos
de Microsoft para propagarse de forma automática. Mucho más peligrosos que los
típicos gusanos que se propagan por el correo electrónico, que requieren que el
usuario los abra y ejecute para poder activarse.
Sin ir más lejos, en agosto de 2003 asistimos a la epidemia global causada por
el gusano Blaster, que aprovechaba una vulnerabilidad en un servicio estándar de
Windows, prácticamente un calco a lo que está ocurriendo con Sasser.
El patrón se repite. Gusanos de red que aprovechan vulnerabilidades, cuyos
parches para corregirlas y prevenir la infección estaban disponibles con
antelación. En todos los casos, desde Hispasec advertimos por este mismo medio
del riesgo potencial que entrañaba no instalar dichos partes, incluso
pronosticando la aparición de gusanos.
Llegados a este se puede discutir el grado de responsabilidad de Microsoft en el
origen de las vulnerabilidades, su política de distribución de parches, esperar
a que incorpore y active por defecto un firewall personal, barajar la
posibilidad de migrar a otro sistema operativo con menos índices de virus y
gusanos, o la necesidad de que los antivirus cambien su modelo reactivo que a
todas luces es más que insuficiente contra este tipo de gusanos, capaces de
infectar miles de sistemas en cuestión de minutos.
Otra opción, que no excluye todo lo anterior y a muchos más factores, es empezar
por hacer autocrítica constructiva, y que los afectados asuman su buena parte de
responsabilidad de cara a prevenir futuros incidentes.
Actualizar los sistemas, tan simple como efectivo
Dejando
al margen comparaciones sobre el número de vulnerabilidades críticas que
periódicamente afectan a Microsoft, los usuarios de Windows deben ser
conscientes de que se trata de un producto que debe ser actualizado regular y
puntualmente, como todos los sistemas operativos, en mayor o menor medida.
Es necesario realizar una campaña de concienciación/educación sobre la necesidad
de mantener actualizados los sistemas, de las herramientas y servicios
automáticos que existen para facilitar esta tarea, y de los riesgos que entraña
no seguir esta práctica.
Ya no sólo para evitar infecciones de gusanos como Sasser, o de efectos peores.
Sino que los usuarios deben ser conscientes de que, cada vez que no instalan un
parche crítico, están dejando una puerta abierta para que un intruso pueda
controlar totalmente su sistema, sustraer su información más sensible, borrar
sus discos duros, o espiar todo lo que hacen con su ordenador. Y esto ocurre con
mucha más frecuencia de la que se cree, con el agravante de que suele pasar
desapercibido, al contrario de lo que ocurre con los gusanos.
En el ámbito corporativo todo lo anterior es aplicable. En Hispasec observamos,
durante las auditorías de seguridad a sistemas corporativos, como suele existir
una atención especial en la protección perimetral y de los servidores con
servicios en Internet, dejando en un segundo plano, a veces olvidado, al resto
de servidores internos, y especialmente a los PCs que actúan como estaciones de
trabajo.
Es un grave error, de hecho toda la información sensible pasa por las estaciones
de trabajo, que en la mayoría de las ocasiones podría estar bajo el control de
un atacante gracias a las vulnerabilidades que poseen.
Otro talón de Aquiles típico en las políticas de seguridad son el control de los
dispositivos móviles de uso personal, como portátiles, o usuarios de acceso
remoto. En la mayoría de los casos se tratan de sistemas que se encuentran más
expuestos a los riesgos de seguridad, ya que no siempre están bajo el paraguas
de las protecciones corporativas. Sin embargo estos sistemas pueden llegar a
tener una estrecha relación con la red interna, siendo en muchos casos el origen
de las infecciones.
4 de mayo de 2004
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