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El mercado de la banda ancha

El: 06/10/2002
Fuente: Servicios Integrales

Los estadounidenses, muy buenos en acuñar nuevos términos “ad hoc” para cada situación y que han encontrado muchos problemas debido a la extensión de su territorio, han resumido todo en 2 palabras: last mile. En el mundo de las telecomunicaciones, la última milla es un tramo que separa el punto de clasificación de usuarios de las residencias de los mismos y supone un elemento relevante para la economía de toda empresa “teleco”.

La realización de la última milla ha representado un punto de llegada para los monopolios que, en los países más industrializados, se han empeñado –ya desde mediados del siglo pasado- en hacer capilar la difusión del servicio telefónico hasta lograr que hoy en día llegue a cada lugar tan cómodamente como el agua, la luz o el gas.

Aunque el principio sea el mismo, el moderno régimen de competitividad nos regala un contexto mucho más complejo que impone a todos los actores implicados tanto en la creación de los nuevos servicios como en la implementación de los modelos económicos más adecuados. Las empresas de telecomunicaciones que pretenden entrar en las casa y las oficinas de sus clientes potenciales seguramente son conscientes de que ya no basta con darles simples aparatos de teléfono para atraer su atención. Los comportamientos y las exigencias de comunicación ya han sido revolucionados por la introducción de los ordenadores y por la entrada de Internet en la vida laboral y personal de cada uno de nosotros, aportando savia nueva al mercado del acceso telefónico. Y es en este terreno que, desde hace unos años, se desarrollan los desafíos más interesantes, los de la banda ancha que dará lugar a un cambio generacional tanto en el perfil tecnológico como en la oferta. De hecho, no es nada fácil alcanzar el “trade off” entre porcentaje de penetración en la población, costes ligados al desarrollo y margen operativo.

Características del mercado

El paradigma es sencillo: alcanzar el mayor número de clientes, maximizando los ingresos para cada línea, forzando el uso de la misma en lo referente al tráfico de pago. Bajo esta óptica el usuario “normal” estará más satisfecho con su proveedor cuanto más rápidamente pueda navegar en Internet y cuantos más servicios de valor añadido tenga y, en consecuencia, incluso podrá estar dispuesto a pagar facturas más altas, generando esos flujos de caja que esperan los operadores.

El mercado del acceso a banda ancha se ha abierto oficialmente con la noticia de la liberalización definitiva de la última milla que ha forzado a los operadores monopolistas a abrir sus centrales telefónicas a otros operadores, obligados por los dictámenes de una reglamentación que no puede ser discutida. La tecnología utilizada en este contexto es la DSL (Digital Subscriber Line) que permite, por medio de la instalación de unos equipos adecuados, utilizar el bucle local existente y consiguiendo una velocidad de hasta a 1,5 Mbit/s, en su implementación asimétrica (ADSL). Si por una parte esta solución permite llegar ágilmente a las casas u oficinas de los clientes, por otra no hay que olvidar que el cobre sigue estando en manos de las operadoras dominantes; sin olvidar las innumerables problemáticas tecnológicas para la integración de los nuevos aparatos y la gestión de una red en algunos casos obsoleta.

El cable telefónico no constituye, de todos modos, la única modalidad para ofrecer la banda ancha. Y lo saben bien los denominados OLO (Other Licensed Operator) que, haciendo alguna excepción, han elaborado su estrategia teniendo en cuenta las diferentes tecnologías de acceso que se pueden implementar hoy, como para obviar la problemática del DSL.

Está claro que son varios los factores que influyen a la hora de elegir. Seguramente el segmento del mercado juega un papel fundamental: la implementación de tecnologías que requieren grandes inversiones podrá adecuarse para llegar a los mercados profesionales en los que el gran uso de las líneas puede compensar los costes con velocidades mayores. Tampoco hay que descuidar todas las problemáticas de carácter práctico que pueden obstaculizar el desarrollo de las infraestructuras introduciendo, en algunos casos, costes exorbitantes.

El operador que quiera ofrecer servicios de banda ancha sin usar el cobre puede valerse, de momento, de dos tecnologías opuestas: lanzar una red de fibra óptica o implantar una red de acceso radio, conocida como Wireless Local Loop (WLL). O bien, experimentar modalidades alternativas como el acceso vía satélite, los sistemas láser o la red de distribución de la energía eléctrica.

Os parámetros que permiten una comparación adecuada entre las diferentes opciones son la capilaridad, es decir, la capacidad de llegar a la población en el territorio, el volumen de las inversiones necesarias, los costes derivados y la fecha de lanzamiento. Según este análisis no existe una solución genérica óptima, sino que habría que hacer un estudio caso por caso que permitiese maximizar el resultado final, a través del uso conjunto de varias tecnologías.

Posible desarrollo

Parémonos a reflexionar sobre las potencialidades del mercado del WLL. En muchos países, entre los participantes en las subastas de asignación de licencias, se han presentado las empresas líderes del sector móvil mientras que es manifiesta la ausencia de los mayores operadores de telefonía fija. De hecho, la tecnología elegida en muchos países para la implementación del bucle local vía radio, denominada LMDS (Local Multipoint Distribution System), se presta para ofrecer los servicios de banda ancha para todo el segmento del mercado que va desde las pequeñas oficinas de profesionales, conocidas como SOHO, a las pequeñas y medianas empresas o PYMES, dejando sin cubrir la gama de usuarios residenciales. Esto deriva directamente de las propiedades intrínsecas de los sistemas en uso, caracterizados por una capacidad limitada disponible en el tramo radio y penalizados por la necesidad de visibilidad entre la estación base y la estación del usuario que limita su uso en las zonas urbanas a un 60% del total de los edificios. En el plano económico hay que considerar el coste de los aparatos, todavía elevado si se compara con el DSL y, sobre todo, los costes operativos de la construcción y mantenimiento de la red de radio y los de transporte.

Está claro que el WLL resulta muy apetecible para los operadores de telefonía móvil que aportan la indudable ventaja de poseer las infraestructuras y el “know how” necesarios, además de una clientela –como las empresas- que ya se ha demostrado receptiva en lo que se refiere a las ofertas conjuntas de servicios de telecomunicaciones móvil-fijo.

Otra cosa son las pequeñas realidades locales para las que el WLL representa, quizás, la única arma con que cuentan para entrara en el juego del acceso. No es fácil para estas empresas situar sus propio aparatos en las centrales de los operadores dominantes para ofrecer el ADSL, vista la dura competencia de los grandes operadores o lanzar fibra óptica, demasiado cara en cuanto a la inversión y lleva demasiado tiempo para ser lanzada al mercado. Por otra parte, los grandes ausentes están justificados por haber dirigido sus inversiones estos años hacia el ADSL o la fibra, para lograr un elevado grado de penetración en el mercado nacional a corto plazo, en lugar de oponer en marcha el WLL.

De todas formas, en general el interés demostrado ha puesto en evidencia la gran voluntad de incentivar el mercado del acceso fijo de banda ancha, como pasó con el UMTS para los servicios radiomóviles. No queda más que esperar y observar qué hacen los operadores, con la esperanza de ver cómo el mercado de las telecomunicaciones vuelve a gozar de buena salud.

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